27 jul. 2011

¿Me cuentas un cuento?

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In my book of lies I was the editor
And the author
I forged my signature
And now I apologise for what I did to you
Cos what you did to me I did to you

 (Inserté acá voz de mi hermanita diciendo esa frase... pa' la próxima la grabo)

Había una vez, una loba feroz, sin garras porque nunca le han gustado las uñas muy largas, llamada Karla, muy buena mentirosa la cabrona, lo aprendió al tener una detectora de mentiras llamada: "mami" y quizá por esa razón aprendió a descubrir mentiras a punta de olfato...

La loba feroz tenía hambre... bueno no, eso es mentira, recapitulemos...

Había  estado bien alimentada, pero siempre que  le ofrecían un bufet, siempre lo tomaba gustosa, en su casa la enseñaron a no rechazar bocados y a dejar el plato limpio porque en África hay niños que se mueren de hambre y rechazar comida: JAMÁS...

Al parecer Caperucito Rojo (caperuza con la bandera de Canadá, cuál superheroe con los calzocillos- bueno boxer- afuera y uno de esos sombreros que hacen lucir chic a cualquier feo) quería ser mordido, y como todos los caperuzos que quieren ser comidos, pasó con su rica colonia, su barba afeitada y cantando lo hermoso que era ... Se dio tres vueltas alrededor de la casa de la loba para que ésta lo mirará... Dio una cuarta vuelta y cantó más duro...

Ella lo hizo, lo siguió a hurtadillas, él sabía que la loba venía tras él... La loba se escondió en un árbol, el Caperuzo la buscó... No la veía.  Ella brincó sobre él, quería saber que pretendía él... El corrió, corrió cual maratonista exiliado y se escondió en su gran casita.

La loba por maldad más que por hambre lo siguió... No le gustaba correr tras la comida, siempre le había gustado comer tranquila y disfrutar cada PEDAZO... (zaaa!) pero decidió hacerlo porque jugar le gusta a cualquiera...

Ella ve que él corre hacia su casa, toca la puerta, ve por la ventana donde el corre a ver donde se esconde. Le sale un pájaro y le da un recado: Caperuzo no ésta, que tiene mucho trabajo, que hoy no puede, quizá en unos días, unas semanas, unos meses...

Ella juega ese juego que solo a los niños les gusta, entra a la casa y se hace la que no sabe que él  está debajo de la cama y buscar por todos lados.

Camina maldosamente por el cuarto, se sienta en la cama, se amarra los cordones, tose un poco y se pregunta: ¿Dónde podrá estar el caperuzo? mientras siente como la cama tiembla y un corazón (no el suyo) se agita... Él está asustado... Ella respira profundo, se ríe y se marcha porque aprendió a jugar el mismo juego y deja una nota:

¿Sabes dónde estoy?... Debajo de mi cama esperando a que salgas vos de la tuya... Pero no voy a esperarte mucho, quizá una hora, quizá un día, pero nunca más de un mes.

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