20 mar. 2017

Un día de paga

La comida es uno de mis placeres.

Me gusta sentarme a saborear, puedo ir a un lugar muy feo pero sí dicen que hacen buena comida, allí estoy, así como pagar un lugar caro, sólo porque dicen que es famoso en sus platillos.

Suelo ser de las que prefiere comer sola, porque no me gustan que me vean comiendo (además de que hablo mucho, entonces no puedo con ambas). O como, o hablo... Y yo, yo quiero hacer ambas.

Veía el reloj, tenía tiempo, me senté a almorzar.

Ese restaurante es caro, y no amerita tanto su precio... pero tienen algo que pocos restaurantes tienen acá: atienden rápido.

Cuando uno tiene una hora para almozar y debe además movilizarse, agradece que justo terminando de pedir, ya pongan el plato en la mesa. Porque no hay nada más desagradable, que hacerse atragantada la comida solo por la prisa.

Terminé de comer, venía pensando en lo que tenía que hacer...

Y dije, la tarjeta... Dejé la tarjeta. 

Empecé a hacer memoria, abrí la cartera y tenía la tarjeta. Algún paso me había saltado.

No había pagado-

 Me había levantado con total confianza de la mesa y me había venido sin pagar... Había caminado por todo el Multiplaza, había subido un piso y nadie me había perseguido con la cuenta en la mano.

Había hecho lo que había querido hacer muchas veces: Levantarme y no pagar, porque una comida aparte de fea y cara, no debería pagarse. Mucho menos un mal servicio.

No quería devolverme, pensaba más en los tacones, que ahorrarme esos pesos...

Pero algo en mí me dijo, no sea vaga, vaya y pague. A decir verdad, pensaba más que es un lugar al que voy mucho, pensar en la verguenza... Y sobretodo, haberme dado cuenta, me hacía sentir culpable.

 Bajaba las escaleras y justo del lado inverso, venía la salonera.

Me vio ansiosa, se reía nerviosa, yo solo dije:

-Se me olvidó por completo.
-Pensé que había perdido el día.

9 mar. 2017

APUNTES

Unos conocidos en un chat compartido:
-Lo dejo, mi esposa está pidiendo algo y no estoy siguiendo lo que dice.
-Sí, vaya y escuche bien lo que le pide… Sino luego no sabe ni que hacer.
-Ella habla mucho, escucho un 5% y ya estoy agotado.
-Creo que eso es lo que todos escuchamos…

Leía la conversación y no podía parar de reírme…

Me considero de las que habla mucho, pero me dio tanta risa saber lo bajo del porcentaje, pero haberme sentido así. Entendiendo menos del 5%

Recordaba esas veces en que mi mamá pedía miles de cosas para hacer, yo agachaba la cabeza y decía que sí había entendido, porque negarlo era peor.

Intentaba  hacer algo de lo que me había pedido… Y no recordaba NADA de lo que había dicho, solo venía ruido a mi cabeza.

Nada, nada… Ni un pequeño apunte. Practicaba todas las mnemotécnicas que sabía y nada….

Solo venía a mi mente:
Cuidado se le olvida que…. (RUIDO).
Recuerde que tiene que… (RUIDO).
Vaya y haga… (RUIDO).

¿Por qué hago esa observación? En el “ONE TO ONE” del trabajo (ridiculez impartida en que el supervisor de uno habla y habla de todo lo que uno debe mejorar… y uno se queda callado, porque responder puede resultar perjudicial y en que uno sólo espera escuchar: “Le aprobamos un aumento por su rendimiento”).

La supervisora hablaba, hablaba… (RUIDO, RUIDO) y no paraba de hablar (y no tenía una voz muy agraciada, para mal de colmos).

En un momento sonó “Es que parece que usted no escucha, uno le habla y usted parece estar en otras, está en su cabeza analizando más de la cuenta”. (Y me volví a perder) – (RUIDO, RUIDO)

Yo agitaba la cabeza en señal de aprobación… (Realmente era mi manera de disimular el sueño que tenía… Hasta por momentos sentía un bostezo venir).

Volvía nuevamente a escuchar y decía: "Por ejemplo, ahora tiene usted unas mechillas** allí todas mal acomodadas"  (RUIDO, RUIDO).

(SILENCIO) (SILENCIO)

Me dice: ¿Tiene algo que decir?

Aguante la respiración… Hablaba conmigo. Quise reír, bajé la cabeza y se me iluminó el mundo… Esta vez sí había tomado apuntes.

Bueno realmente eran rayones y cientos de dibujos, unas letras enormes decían: Enfóquese – Aprenda a escuchar.

(Y en letras más pequeñas decía: PEINARSE…)

No sé que contesté... Pero inmediatamente fui al baño... No podía parar de reírme, me veía frente al espejo, despeinada...

Y pues sí... a veces el cerebro es más inteligente... Y sabe que si escucha el 95% restante de la conversación, puede causar homicidios sin sentido.


**Mechillas -mechas en Costa Rica, cabello enrredado, mal acomodado, con vida propia.