26 nov. 2018

# 1 Amarme

Decir que soy otra, que cambié.

Era lo que me quería creer y decirles, pero cuando escribo, puedo hacer todo, menos engañarme... Soy mi pasado, vivo mi presente. Estuve muy arriba, emocionalmente hablando, y pues... Oscureció sin aviso. No lo esperé. He llorado, llorado mucho...

Buscaba respuestas y aumentaban las preguntas.
Imagen tomada de éste post

Un día, en la madrugada, producto del insomnio, tomé hoja y lápiz.. Empecé a escribir. Entre más me deslizaba sobre el papel, más me liberaba...

Acá me tienen... Estoy saliendo de un bache... Me ha llevado un mes y sigo dando pasos... (Cuando se vuelva pasado superado, les contaré la historia completa).

Estoy aceptando mis claros y mis oscuros... Acostumbrarme al reflejo de todos los espejos en que me veo, ya que me veía rota, oscura. Una mala versión.
Un hombre camina por un sendero y encuentra al costado, sobre la hierba, un espejo abandonado.
Lo levanta, lo mira y dice:
- ¡Qué horrible! Con razón lo tiraron.  
Pero ya me estoy empezando a aceptarme nuevamente, Estoy en esa búsqueda, en conocerme a mí. Lo mejor y lo peor...

Y todo empieza por eso, ¡Amarse, amarse mucho!

2 ene. 2018

Escuche, entienda primero...

Un día pregunté a varias personas que habían tenido – o tienen – relaciones de convivencia con sus parejas sobre que se ocupaba para estar bien.

Me dieron varias respuestas, todas válidas. Pero extrañamente fue él que me enseñó una de la más importante para todo tipo de relaciones. (Aunque ya me he leído a  Covey, uno olvida la teoría, sino se práctica).

No voy a explicar la razón de la discusión, porque no fue ni conmigo, pero yo estaba allí, daño colateral.


Honestamente soy una persona impulsiva, que no me quedo callada si algo me molesta,  a pesar de intentar hacer cambios para mantener relaciones más saludables hay aspectos que no he cambiado. Cuando algo no lo entiendo, me cierro… Siempre necesito explicaciones coherentes para mi cerebro, no me gusta creer en algo, sólo porque me lo dicen. No me cierra la ecuación. Soy excesivamente racional, así que a pesar de ser impulsiva, en mi cabeza todo cuadra “racionalmente”. Y eso, no lo entendía, yo solo le daba soluciones, le daba sugerencias para resolver.

Él estaba hecho un Hulk, yo no entendía nada, pero sabía que debía calmarlo y seguía allí con mi discurso sin sentido. Pero no lograba que se calmara porque hablaba desde mi forma de ser… Me parecía que él no tenía la razón y él buscaba que se la diera.

En mi estoica forma de ser y ver que no avanzábamos a ningún lado, le di la espalda, seguí caminando al cuarto, mientras decía,
-Buenas noches.
-No me haga eso. La necesito. Entiéndame, escúcheme.

Me quedé en seco, me volví, le hice señas para que viniera, mientras acomodaba la cama. 

Apagadas las luces, me explicó sus motivos, sus reacciones, la situación. Yo no tenía que pensar como yo, solo tenía que escucharlo. Entenderlo. Hablarlo. Abrazarlo. Dejarlo ser él.

¿Se siente ya mejor? ¿Podemos dormir?

(Máteme, pero la parte que más me dio risa y fue la otra enseñanza)

-¿Quiere coger?